lunes, 17 de junio de 2013
jueves, 13 de junio de 2013
sábado, 25 de mayo de 2013
La Muerte de Rasputín (por Henri Troyat)
La Muerte de Rasputín (del libro "Rasputín" de Henri Troyat)
Después de esto,
la violenta requisitoria de Purichkevich contra el staretz en la Duma añade leña al fuego. Hombre de sacudones y de
violencias, este diputado de extrema derecha es conocido por su culto de la
monarquía, su antisemitismo visceral y su obsesión por los complots
revolucionarios. Por todas partes huele intrigas y traiciones. Paladín de la
guerra a ultranza, no se contenta con palabras y organiza ambulancias, puestos
de socorro y cantinas para los soldados. Con sus ataques contra Rasputín ante
la Asamblea Legislativa, ha eliminado los últimos escrúpulos de su joven
oyente. Éste se reúne con él en su tren sanitario el 21 de noviembre de 1916.
Los dos están de acuerdo en la urgencia de suprimir la "bestia
inmunda". Al día siguiente, vuelven a encontrarse en el palacio Yusupov,
con Sukhotin y el gran duque Dimitri. Félix expone su plan desde el principio:
sugiere atraer a Rasputín a su palacio pretendiendo, para entusiasmarlo, que su
mujer está deseosa de conocerlo. En realidad, la princesa Irina está pasando
una temporada en Crimea con sus suegros. Pero Rasputín no lo sabe. Muy
aficionado a los encuentros femeninos, responderá sin desconfianza a la
invitación del príncipe. Falta decidir el medio a emplear para matarlo. Sería
imprudente hacerlo a pistola porque el palacio Yusupov está situado frente a
una comisaría y los disparos no dejarían de alertar a los agentes. Más que un
arma blanca, el veneno representa evidentemente la mejor solución. Después se
tratará de disimular el cadáver. Nada más fácil: lo sumergirán en el Neva
haciendo un agujero en el hielo. Para prevenir cualquier inconveniente, deciden
reclutar a una persona que tenga conocimientos de medicina y que, en caso de
necesidad, pueda hacer de chofer. Purichkevich propone recurrir al médico jefe
de su destacamento sanitario, el doctor Estanislao Lazovert. Este último,
contactado en secreto, acepta participar en un atentado que salvará a Rusia y
promete, además, proporcionar el veneno. Ahora los conjurados son cinco:
Yusupov, Sukhotin, Purichkevich, el gran duque Dimitri y Lazovert. Todos
patriotas dispuestos a arriesgar su reputación y su libertad en nombre del
interés del Estado.
Cada vez más excitado por la inminencia del
acontecimiento, Félix elige la noche del 16 al 17 de diciembre para terminar
con el staretz. Todas sus veladas
están tomadas de aquí hasta entonces. A fin de evitar sospechas, debe continuar
viviendo como si nada ocurriera hasta la fecha fatídica. Sin embargo, no puede
impedirse informar al diputado Basilio Maklakov sobre sus preparativos. Incluso
le sugiere que se una a la acción. Maklakov invoca su próximo viaje a Moscú
para declinar la oferta, pero declara que aprueba sin reservas esa operación de
salud pública. Autoriza a su visitante a tomar de su mesa de trabajo una
cachiporra de plomo de dos kilos, recubierta de caucho, que constituye un arma
temible. Félix se confía igualmente al presidente de la Duma, Rodzianko, quien,
como Maklakov, apoya el proyecto pero no cree posible participar en persona. La
exaltación del príncipe es comparable a la de un actor antes de entrar en
escena. Incapaz de contenerse, escribe a su madre y a su mujer, a Crimea, para
informarlas en modo alusivo de la gran limpieza que se organiza. La princesa
Irina le responde: "Querido Félix, gracias por tu carta insensata. Pude
entenderla sólo a medias. Me parece que estás por cometer una locura. Por
favor, ten cuidado. No te mezcles en cosas vergonzosas".[1] Por su parte, al inquieto
Purichkevich le cuesta sujetar su lengua. Sabiendo que su colega Maklakov
"piensa" como él, quiere hacerlo partícipe del secreto. Pero Maklakov
le confiesa que ya sabe todo por Félix y que está inquieto. Y alerta a Kerenski,
el líder de izquierda. Éste tiene un temor: ¿la eliminación de Rasputín no
reforzará el prestigio de la monarquía? ¿Cómo prever, en efecto, la reacción
del público? ¿Quién sabe si, "liquidando" al staretz, los conjurados no van a comprometer la victoria del
socialismo? A los ojos de los "laboristas" de la Duma, es una carta
necesaria para precipitar la caída del régimen.
Mientras tanto, Rasputín saborea por
adelantado el placer de encontrarse con la mujer del "pequeño", la
seductora princesa Irina, en una cita reservada. Está tan impaciente de acudir
a esa velada como su asesino en prepararla. Como el palacio Yusupov está en
reparaciones, Félix vive en casa de sus suegros. Pero no tiene importancia: ha
elegido recibir al staretz en su
vasta morada familiar, sobre el muelle del Moika. Ha hecho preparar y decorar
especialmente un lugar espacioso en el subsuelo. El techo bajo tiene viejas
lámparas. Dos tragaluces dan sobre el muelle. En los muros hay colgaduras
rojas. En el medio, una doble arcada. A un lado, el comedor, con su chimenea de
granito rosa en la que arde un fuego de leña; al otro, un lugar de descanso con
un armario de ébano con incrustaciones, espejos y columnitas; sillones de
respaldo alto y, en el suelo, una inmensa piel de oso blanco. Aquí y allá muebles
preciosos, bibelots, un conjunto bien organizado en el que cada objeto ha sido
seleccionado por el dueño de casa.
Félix Yusupov
El 16 de diciembre, a las once de la noche,
todo está listo. Los criados se han retirado después de haber dispuesto en la
mesa el samovar, masas, botellas y vasos. Lazovert se calza guantes de goma,
pulveriza los cristales de cianuro de potasio y, tomando de las bandejas unas
masas rellenas de crema rosada, las corta en dos, les pone una fuerte dosis de
veneno, las une borde a borde, las pone en su lugar y arroja los guantes en la
chimenea, de la que se desprende un humo acre. Tosiendo y echando pestes, los
cinco hombres suben la escalera de caracol que conduce al escritorio de Félix.
Allí, el príncipe saca de un secreter dos frascos de cianuro líquido. Se ha
convenido que Sukhotin y Purichkevich verterán el contenido en dos de los
grandes vasos alineados sobre el aparador. Esto deberá hacerse veinte minutos
después de la partida de Félix hacia la calle Gorokhovaia, donde Rasputín
espera que vayan a buscarlo. De ese modo, el veneno no tendrá tiempo de
evaporarse. Con el escenario listo en sus menores detalles, Lazovert, vestido
de chofer, y Yusupov, hundido en un espeso abrigo de pieles y con la cabeza
cubierta de una gorra con orejeras, salen de la casa y suben al coche.
Durante ese tiempo, en el departamento de la
calle Gorokhovaia, las dos hijas de Rasputín, Maria y Varvara, que viven con
él, tratan de convencerlo de que renuncie a su extraña cita nocturna. Pero él
les explica que, al aceptar la invitación de Félix cuenta con acercarse al clan
hostil a la Zarina, reconciliar a Alejandra Fedorovna con su hermana Isabel y
llevar la paz a toda la familia imperial. "Sí, palomas mías", les
dice, "nuestro plan está triunfando." Y como ellas le participan sus
prevenciones contra Félix, que es taimado, cobarde y perverso, las tranquiliza:
"Es débil, muy débil. Es un pecador. Pero su corazón ha conocido el
arrepentimiento y viene a buscarme para vencer su debilidad y restaurar su
salud, que está lejos de ser robusta".
En el mismo momento, Félix, a bordo de su
coche, es asaltado por un brusco remordimiento. La perspectiva de atraer a su
casa a un hombre cuya pérdida ha jurado le causa horror como una transgresión a
las leyes de la hospitalidad. Casi lamenta haber decidido que el crimen tuviera
lugar bajo su techo. ¡Demasiado tarde para retroceder! El automóvil se detiene
ante la casa del staretz. El portero
ha recibido la consigna de dejar pasar al visitante indicándole la escalera de
servicio. Al llegar al palier del departamento, Félix llama a la puerta. El que
abre es Rasputín. Está vestido de fiesta: blusa de seda blanca bordada con
flores, ancho pantalón de terciopelo negro, cinturón color frambuesa, botas
nuevas, cabello y barba peinados con coquetería. "Cuando se me
acercó", anotará Yusupov, "sentí un fuerte olor a jabón barato, que
me demostró la atención especial que había otorgado ese día a su arreglo. Nunca
lo había visto tan limpio y cuidado." Rasputín espera que la madre de
Félix, cuya animosidad conoce, no asista a la reunión. Yusupov lo tranquiliza:
estará sólo su mujer; su madre está en Crimea. "No me gusta tu mamá",
gruñe Rasputín. "Sé que me odia. Es amiga de Isabel.[2] Las dos intrigan contra mí
y hacen correr calumnias acerca de mi conducta. La misma Zarina me ha repetido
que eran mis peores enemigas. Mira, anoche Protopopov vino a verme y me hizo
jurar que no saldría en estos días. 'Te van a matar', me dijo. 'Tus enemigos te
preparan algo malo.' Pero será inútil; no lo lograrán; sus brazos no son
suficientemente largos... ¡Bueno, basta de charla! ¡Vamos!" Félix lo ayuda
a ponerse las galochas encima de las botas y una pesada pelliza sobre los
hombros. Así vestido, Rasputín le parece todavía más grande y más fuerte que de
costumbre: un oso indestructible. Y él conduce a ese oso a una trampa.
"Una inmensa piedad se apoderó de mí", escribirá. "Me pregunté
cómo había podido concebir un crimen tan cobarde." Lo que lo deja
estupefacto es la confianza que le demuestra su futura víctima. ¿Qué se ha hecho
de la clarividencia de ese hombre del que se dice que sabe leer los
pensamientos y prever el porvenir? ¿No estará a la vez consciente de la suerte
que le espera e impaciente por someterse a ella para obedecer a la voluntad de
Dios?
El aire fresco de la calle revigoriza a Félix.
Lazovert, como un chofer acostumbrado, abre la portezuela del coche. Rasputín y
el príncipe se instalan lado a lado. La casa del Moika está cerca de la calle
Gorokhovaia. Minutos después, el automóvil se interna en el patio del palacio y
se detiene ante la escalinata.
Al penetrar en la sala del subsuelo, los dos
oyen voces apagadas y el sonido de un gramófono que toca una canción
norteamericana: Yankee Doodle. Eso también forma parte del programa.
Como Rasputín se sorprende, Félix le explica que su mujer recibe algunos
amigos, que están por irse y que ella bajará cuando hayan partido. Mientras
esperan, es mejor comer algunas golosinas y tomar vino. Rasputín acepta, pero
Félix está tan nervioso que se equivoca y le presenta primero las masas
inofensivas. "No quiero", dice Rasputín. ¡Son demasiado dulces!"
Poco después, recobrado, Félix le tiende la bandeja de las masas rellenas con
crema rosa y cianuro. Cambiando de idea, el staretz
toma una, después otra. Las mastica con placer, sin dejar de hablar. En lugar
de caer como fulminado, no manifiesta ningún malestar. Sorprendido por su
resistencia, Félix le ofrece vino. Pero se equivoca de nuevo y le entrega un
vaso sin veneno. En fin, como Rasputín dice que todavía tiene sed, logra darle
la bebida preparada por Sukhotin y Purichkevich, que tendría que matarlo del
primer trago. Impasible, el staretz
bebe a pequeños sorbos y contempla a su asesino con una expresión de picardía
malévola. Tiene aire de decir: "Ya ves, por más que hagas, ¡no puedes nada
contra mí!". Después de un momento, al ver la guitarra de Félix, sugiere:
"Toca algo alegre. Me gusta oírte". "¡Realmente no tengo
ganas!", balbucea Félix, al borde de una crisis. Luego, como Rasputín
insiste, toma la guitarra y entona una romanza melancólica. Su voz de tenor,
muy alta, de pronto le parece falsa, desentonada, irreal. ¿No va a despertar de
ese delirio? Mientras él canta, con el corazón oprimido y las ideas en
desorden, Rasputín se adormece.
Ya son las dos y media de la mañana. Arriba,
los otros conspiradores de agitan. Levantando la cabeza, Rasputín pregunta qué
significa ese alboroto. Trastornado, Félix le asegura que son los invitados de
su mujer que se preparan para irse y que ella no tardará en aparecer. Y dejando
al staretz dormir la mona, sube a su
escritorio. Sus amigos se precipitan sobre él. "¡El veneno no hizo
efecto!", informa, abrumado. Al oírlo, se aterrorizan: "¡Sin embargo,
la dosis era enorme! ¿Tragó todo?" "¡Todo!", responde Félix. Los
cinco cómplices intercambian miradas despavoridas. En esas condiciones, hay que
rever la estrategia con urgencia. Al término de una discusión afiebrada,
durante la cual cada uno da su opinión, deciden bajar en grupo, arrojarse sobre
Rasputín y estrangularlo. Ya están en fila india en la escalera cuando Félix
recapacita. Dice que prefiere actuar sin la ayuda de nadie. Los otros aprueban.
Con una firmeza de la que él mismo se asombra, toma el revólver del gran duque
Dimitri y penetra solo en la habitación del subsuelo donde el staretz está siempre sentado en el mismo
lugar, con la frente inclinada y la respiración jadeante. "Tengo la cabeza
pesada y una sensación de ardor en el estómago", eructa Rasputín. Y pide
más vino madera.Vacía su vaso, se enjuga la barba y propone terminar la noche
con los gitanos. ¿Cómo puede pensar en banquetear y reír después de haber
absorbido una dosis de veneno como para matar un buey? Ese apetito de placer en
alguien que está por morir aterra a Félix, que ve en ello una monstruosidad de
la naturaleza humana. Con el revólver oculto detrás de la espalda, mira
alternativamente al que está frente a él y a un crucifijo de cristal de roca y
plata cincelada que adorna el remate del armario de ébano. Pide en silencio al
emblema divino que lo ayude a vencer las fuerzas infernales que mantienen con
vida ese cuerpo en apariencia invulnerable. En tanto que Rasputín, inconsciente
o despreocupado, se endereza y parece interesarse en los detalles del armario
antiguo, él pronuncia con una voz temblorosa: "¡Gregorio Efimovich, harías
mejor en mirar el crucifijo y rezar una plegaria!". Ante esas palabras,
Rasputín tiene una expresión de aceptación y de mansedumbre. Se diría que acaba
de comprender por qué lo han llevado allí y que está de acuerdo en morir a
manos de su huésped. Como si obedeciera a una orden de su víctima, Félix
levanta lentamente el revólver, apunta al corazón y tira. El staretz lanza un aullido de bestia, se
tambalea y se desploma pesadamente sobre la piel de oso.
Al oír el disparo, los amigos acuden. Pero, en
su precipitación, enganchan el conmutador eléctrico y se apaga la luz. Chocan
entre ellos susurrando en la oscuridad, luego se inmovilizan, temiendo tropezar
con el cadáver. Al fin, alguno encuentra a tientas el interruptor y las
lámparas vuelven a encenderse. Rasputín yace de espaldas, en medio de la piel
de oso, con los ojos cerrados y las manos crispadas. Una mancha de sangre se
extiende sobre su hermosa camisa bordada con flores. Sus rasgos se contraen por
momentos sin que él levante los párpados. Pronto deja de moverse. El doctor
Lazovert constata que el staretz está
bien muerto. Alivio general. Los rostros se distienden como los de los buenos
obreros que han terminado su trabajo. Mueven el cuerpo y lo dejan sobre el
mosaico para evitar que la sangre manche la piel de oso, lo que proporcionaría
un indicio a los investigadores. Luego, los cinco conjurados suben al
escritorio sin apresurarse. Cada uno de ellos se considera como el salvador del
país y de la dinastía. Mañana, toda Rusia les agradecerá.
Son las tres de la mañana. Conforme al plan
establecido, Sukhotin y Lazovert deben simular el regreso de Rasputín a su
domicilio para desviar las primeras sospechas. Con ese propósito, Sukhotin,
encargado de hacerse pasar por el staretz,
se desliza la pelliza del muerto sobre su capote militar y se coloca su gorro
de piel. Lazovert se pone su uniforme de chofer. Parten en el coche descubierto
de Purichkevich seguidos por el gran duque Dimitri. Después de hacer creer que
Rasputín había vuelto a su casa, no tendrán más que volver al coche cerrado del
gran duque para retirar el cadáver y transportarlo hacia la isla Petrovski.
Purichkevich y Félix quedan solos en el
palacio Yusupov esperando que sus cómplices se reúnan con ellos. Para calmar
los nervios, hablan del porvenir de Rusia, al fin desembarazada del demonio que
la desfiguraba. Pero de pronto Félix tiene un presentimiento. Siente la
necesidad de volver a ver al muerto. Rápidamente baja al subsuelo. ¡Dios sea
loado! Rasputín sigue tendido, inmóvil, sobre los mosaicos. Por las dudas, le
tantea el pulso. Ningún latido. Con repulsión, le sacude el brazo, que cae,
inerte. Cuando está a punto de volver al escritorio, le llama la atención un
ligero estremecimiento que recorre el rostro del staretz. El párpado izquierdo se levanta imperceptiblemente. Y, de
pronto, Rasputín abre los ojos. Espantado, Félix quiere huir, pero las piernas
le flaquean. Rasputín ya está de pie, con las pupilas fosforescentes, espuma en
los labios, la garganta llena de aullidos. Grita: "¡Félix! ¡Félix!"
Y, arrojándose sobre él, le aferra la garganta. A medias estrangulado, Félix
tiene la sensación de luchar contra Satán en persona. Ni el veneno ni las balas
han podido contra el monstruoso mujik
Es más fuerte que la muerte. Más fuerte que Dios. ¡Todo está perdido! Por fin,
con un esfuerzo desesperado, Félix consigue librarse de sus brazos. Rasputín
cae hacia atrás, con estertores y aferrando en su mano la charretera que acaba
de arrancar del uniforme de su asesino. Inmediatamente, Félix se precipita a la
escalera y llama a Purichkevich, que ha quedado arriba: "¡Rápido! ¡Rápido!
¡Baje! ¡Todavía vive!"
Purichkevich prepara su revólver, se precipita
por los escalones y llega justo a tiempo para ver a Rasputín, que ha escapado
del subsuelo y se dirige pesadamente hacia una de las puertas del patio.
Justamente la que no está cerrada. El staretz
corre tambaleándose. Va a escapar. Y repite con una voz terrible: "¡Félix!
¡Félix! ¡Le diré todo a la Emperatriz!". El príncipe oye ese llamado con
un sentimiento de angustia religiosa. ¿Y si se hubieran equivocado? ¿Si
Rasputín fuera verdaderamente un hombre de Dios? Purichkevich tira dos veces
sobre el fugitivo y yerra. Furioso, se muerde la mano izquierda para calmar el
temblor que lo agita y tira de nuevo. Alcanzado en la espalda, Rasputín se
detiene y vacila. Purichkevich lo alcanza, apunta a la cabeza y tira. Esta vez,
el staretz se desploma, de cara al
suelo. Dominado por la furia, Purichkevich le da un violento puntapié con la
bota en la sien izquierda. Rasputín se estremece, se arrastra sobre el vientre
y se inmoviliza definitivamente no lejos de la reja. Al tener la certeza de su
muerte, Purichkevich vuelve hacia adentro a grandes pasos. Félix, testigo de la
ejecución, se acerca. Las piernas le flaquean pero no puede apartarse de la
visión del cuerpo acostado en la nieve. Teme verlo enderezarse bruscamente,
como hace un momento. Pero no, ya está terminado. No habrá una tercera
resurrección para el staretz. Se
acercan algunos sirvientes, alertados por las detonaciones. Son gente de
confianza. No dirán nada.
Destrozado por las emociones, Félix sube a su
escritorio, pasa al cuarto de baño y vomita. Entre dos arcadas farfulla:
"¡Félix!, ¡Félix!", con la voz del difunto. Purichkevich se reúne con
él y lo reconforta. Pero el mucamo les anuncia que dos agentes de policía
quieren hablarles. Han oído los disparos y quieren explicaciones. Muy dueño de
sí, Purichkevich les declara que acaba de matar a Gregorio Rasputín, "ese
que tramaba la pérdida de la patria". Impresionados por la importancia de
las personas presentes, un príncipe y un diputado, los agentes prometen guardar
silencio y hasta aceptan ayudar a transportar el cadáver al vestíbulo.
Una vez que se han ido, Félix quiere ver el
cuerpo por última vez. Cuando lo ve, tendido en la entrada, lleno de heridas,
el rostro tumefacto, la barba manchada con trazos rojos, se apodera de él una
aberración furiosa. Sin reflexionar, vuelve a subir a su escritorio, empuña la
cachiporra envuelta en caucho que le prestó Malakov, vuelve sobre sus pasos y
asesta violentos golpes en el rostro y el vientre del muerto. Salpicado de
sangre, sigue golpeando y repite: "¡Félix!, ¡Félix!..." Purichkevich
y los criados lo sujetan y se lo llevan. Apenas llega a su escritorio se
desmaya.[3]
A todo esto, el gran duque Dimitri, Sukhotin y
Lazovert vuelven en automóvil cerrado para llevarse el cuerpo. Purichkevich,
todavía trastornado, les cuenta las últimas peripecias del homicidio. Deciden
dejar a Félix descansando, envuelven a Rasputín en una lona, lo cargan en el
coche y parten hacia el puente Petrovski, entre las islas Petrovski y
Krestovskil. El vehículo se detiene con las luces apagadas junto al parapeto.
Los conjurados deciden arrojar el cadáver desde lo alto del puente, en un
agujero que han visto en el hielo. Su apuro es tan grande que olvidan ponerle
un lastre, lo que habría permitido mantenerlo en el fondo del agua. Lo levantan
y lo arrojan por el borde al Neva. La pelliza, una galocha y el gorro de la
víctima, que habrían debido ser quemados, van tras los despojos. No queda nada.
Todo está en orden. Cada uno vuelve a su casa con la satisfacción de haber
aprovechado el tiempo. Son las seis y media de la mañana.
En el palacio Yusupov, Félix ha caído en un
sueño de locura. Al despertarse, cree salir de una pesadilla. ¿Qué es verdadero
y qué es falso en las imágenes que lo obsesionan? Junto con su ayuda de cámara,
hace desaparecer las últimas manchas de sangre que podrían conducir a los
investigadores a descubrir el drama. Luego imagina una explicación plausible de
los disparos: uno de sus invitados, en estado de ebriedad, ha tirado sobre uno
de los perros guardianes de la casa para divertirse. Obedeciendo sus órdenes,
el ayuda de cámara mata un perro, lo arrastra por el patio siguiendo las
huellas dejadas por Rasputín y abandona el cadáver, bien a la vista, sobre un
montón de nieve. Satisfecho con la puesta en escena, Félix hace prometer una
vez más a los sirvientes que no revelarán nada de lo ocurrido. Lavado,
afeitado, cepillado, perfumado, reencuentra su seguridad de gran señor. Un poco
más y se tomaría por un héroe de la guerra.
Su primer recaudo es dirigirse al palacio del
gran duque Alejandro, su suegro, donde vive desde que el palacio Yusupov está
en obras. Después del horror que acaba de vivir, no le desagrada cambiar de
ambiente. Su cuñado, Teodoro, sale a su encuentro. Estaba al corriente de la
celada y no ha pegado un ojo en toda la noche. "¿Y bien?", pregunta
con rostro angustiado "¡Rasputín ha muerto!", responde Félix. Ptero no
estoy en condiciones de hablar. Me caigo de sueno. Y dejando a su cuñado
estupefacto, se encierra en su cuarto, se desploma en la cama y se duerme
inmediatamente.
[1] Citado por A. De Jonge, The Life and Times of Grigori Rasputin;
repetido por Yves Ternon, ob. cit.
[2] Hermana mayor de la Emperatriz, viuda del gran duque Sergio.
[3] Las circunstancias del asesinato de Rasputín están relatadas aquí según
las declaraciones de Félix Yusupov y de Vladimiro Purichkevich, que se
diferencian sólo en detalles.
miércoles, 22 de mayo de 2013
GRANT MORRISON Y JORGE LUIS BORGES
Grant
Morrison, el prolífico guionista de cómic escocés (Los Invisibles, Animal Man, Doom Patrol, Batman, The New X Men), ha
mencionado varias veces a Jorge Luis Borges como una de sus influencias
literarias (entre las que se encuentran Robert Anton Wilson, H. P. Lovecraft, Michael
Moorcock, etc.)
En
una entrevista en Amazing Heroes #
176 (febrero de 1990), cita a Borges como una influencia importante en su obra
de Doom Patrol. El siguiente es un
extracto de esa entrevista, realizada por Mike Maddox en la casa de Morrison en
Glasgow:
Amazing Heroes (AH): No hemos
mencionado a Borges todavía, y a Orqwith.
Morrison: ¿“Tlön
Uqbar, Orbis Tertius”?
AH:
Hay referencias evidentes en la historia Orqwith en “Doom Patrol”
Morrison:
Tuve un sueño en el que yo viajaba en un tren que pasaba por una horrible
estación que parecía hecha de huesos. El nombre de la plataforma decía
“Orqwith”, así que pensé en utilizarlo. Además, parte de este sueño era que ese
mundo ficticio estaba infiltrando fragmentos de sí mismo en nuestro mundo. Pero
como dices, tiene mucho que ver con robar de la obra de un escritor argentino
ciego.
AH:
Me temo que dejé de leer después de “El
Jardín de Senderos que se Bifurcan”.
Morrison:
¿Así que no has terminado Labyrinths?
(Labyrinths es el título de una
recopilación de relatos de Borges publicada en los países de habla inglesa)
AH:
Leí “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, y
ese cuento sobre Don Quijote.
Morrison:
Creo que es maravilloso. Estoy empapado en este tipo de cosas. Es una de las
cosas que quería introducir en Doom
Patrol. Todas esas extrañas paradojas y curiosidades filosóficas.
En
Superman Beyond (2008), un trabajo
metatextual que retoma el concepto que Morrison ya había utilizado en Animal Man, el Hombre de Acero viaja al
limbo, el plano de la existencia donde se destinan todos los personajes
olvidados por los autores y los lectores de la DC Comics. La biblioteca del
limbo de la DC tiene un solo texto, “un libro con un infinito número de
páginas, todas ocupando el mismo espacio (…) Esto contiene cada libro posible”;
básicamente el mismo concepto –la simultaneidad y la infinita multiplicidad– de
“El Aleph” (y de El Libro de Arena, diría yo).
El
año pasado, en los números del 3 al 5 de la revista Batman Incorporated –donde el Caballero Oscuro, cual titular de una
franquicia, recorre el mundo convocando a héroes de distintos países para
conformar un grupo internacional de encapotados–, Batman viajó a la Argentina
para proponer a El Gaucho ser el representante sudamericano de la escudería. El
Gaucho es un oscuro personaje que había aparecido en revistas de Batman en la
década del ‘50. Morrison lo rescató del limbo.
La
historia de Batman Incorporated le
permite a Morrison incluir varias referencias a nuestro país. La primera página
es un flashback a los días de la Guerra de Malvinas, donde se oculta un arma secreta,
con un grupo de héroes británicos –la mayoría creados para la ocasión– buscando
al villano Doctor Dedalus (un guiño a Stephen Dedalus, el álter ego de James
Joyce). La crisis de 2001 es aludida por el playboy Santiago Vargas –identidad
secreta de El Gaucho– cuando le dice a Batman: “Argentina es un país que una
vez tuvo cinco presidentes en doce días. La ironía está en nuestra sangre”.
El
dibujante Yanick Paquette ilustra con precisión realista un móvil de la Policía
Federal, una ambulancia del SAME y la botellita de la más conocida cerveza
local. También hay un guiño a la historieta nacional con la frase que aparece
pintada en una pared de La Boca, “El odio cósmico”, mencionada por un Mano en El Eternauta de Héctor Germán Oesterheld
y Francisco Solano López. Los diálogos del villano El Sombrero aparecen
escritos con la tipografía mecánica que utilizaban las míticas versiones
mexicanas de la Editorial Novaro, que formaron más de una generación de
lectores de DC en Latinoamérica.
Pero
sin dudas las citas más interesantes son las vinculadas a Borges. Discutiendo
un caso, El Gaucho le cuenta a Batman sobre Espartaco Extraño, un escritor
apócrifo –como aquel seudónimo H. Bustos Domecq– quien, en su vida de ficción,
fue ultimado por “tres asesinos ciegos”. “Su asesinato, como su vida, como su
obra, fue una compleja ficción… un elaborado rompecabezas… una densa y alusiva
broma literaria…”, lee El Gaucho.
“Extraño
fue la creación del grupo de poetas vanguardistas de Florida, que incluía a
Jorge Luis Borges. ‘Oroboro’, un
libro real escrito por un autor imaginario, transformó a Extraño en Chatterton
y Rowley en una sola figura maldita”. Thomas Rowley era el seudónimo del
escritor británico Thomas Chatterton. La fascinación por los dobles le permite
a Morrison unir los temas de Borges con los misterios de Batman.
Cuando
el supuesto villano es revelado como un anciano ciego de cabello blanco y
bastón, al parecer encontramos la última de una serie de alusiones a Borges en
el trabajo de Morrison, pero sin dudas no la última: su futura miniserie Multiversity estará ambientada en
distintos universos paralelos pertenecientes al entramado ficcional de la DC;
un tema ideal para revisitar la obra de un genio ciego.
lunes, 6 de mayo de 2013
Fraude!
En el nonagésimo octavo aniversario del nacimiento de Orson Welles, quería compartir esta nota escrita por Susana Farré sobre el último largometraje del genio del 7mo arte...
Aquí la película completa y con subtítulos en español en Youtube: F FOR FAKE
FRAUDE (F for Fake, 1973)
Por Susanna Farré
Sobre el mágico engaño del arte
Todos los artistas dejan ver en sus obras crepusculares la parte más reflexiva de su visión existencial. Orson Welles, ya en la última etapa de su creación, realizó con F for Fake una magnífica reflexión sobre uno de los temas que más insistentemente aparece a lo largo de toda su filmografía: la dualidad entre lo real y lo ficticio en la representación artística.
(1) Sirva de ejemplo a su gusto por el mundo de las falsas apariencias, uno de los espectáculos más curiosos en la trayectoria profesional de Welles, el Wonder Show de Orson Welles, espectáculo de variedades creado para entretenimiento de los soldados que partían al frente durante los años de la Segunda Guerra y en el cual colaboraban con Welles sus incondicionales del Mercury, entre los que se encontraban Joseph Cotten o Agnes Moorehead, así como la misma Rita Hayworth y en algunas ocasiones hasta la inestimable amiga Marlene Dietrich.
(2) El personaje que se considera más cercano a la personalidad del cineasta fue precisamente el Jake Hannaford de The Other side of the Wind, interpretado por el mismísimo John Huston, película que nunca llegó a acabar, aún cuando lo intentó durante diversos años (el rodaje le coupó de 1971 a 1976)
(3) Elmyr d'Hory acabó suicidándose ante la posibilidad de aceptación de extraditación por parte del gobierno español al francés, y el matrimonio Irving acabaron finalmente en la cárcel, en Estados Unidos.
(4) La imágenes que ilustran la narración del episodio de La Guerra de los Mundos que protagonizó Welles en el año 1938 pertenecen a la película The Hearth vs The Flying Saucers, realizada por Fred F. Sears en 1956. También se incluía un fragmento del espectáculo de magia antes mencionado en el que Welles cortaba en dos nada menos que a Marlene Dietrich.
(5) Las afirmaciones de Welles que se comentan en este artículo están extraídas del documental biográfico producido por Canal+ en el año 2000: Orson Welles en el país de Don Quijote, realizado por Carlos Rodríguez sobre un guión de Carlos F. Heredero y Esteve Riambau.
Aquí la película completa y con subtítulos en español en Youtube: F FOR FAKE
FRAUDE (F for Fake, 1973)
Por Susanna Farré
Sobre el mágico engaño del arte
Todos los artistas dejan ver en sus obras crepusculares la parte más reflexiva de su visión existencial. Orson Welles, ya en la última etapa de su creación, realizó con F for Fake una magnífica reflexión sobre uno de los temas que más insistentemente aparece a lo largo de toda su filmografía: la dualidad entre lo real y lo ficticio en la representación artística.
Muchas de las obras de Orson Welles tratan sobre grandes personajes que comparten un halo de misterio y un alma infranqueable. Así, existe cierto paralelismo entre las figuras de Kane, Quinlan, Arkadin, Otelo e incluso los frustrados Kurtz o Hannaford. El mismísimo Welles consiguió forjarse una personalidad enigmática como artista rechazado e incomprendido por la industria. A Welles le gustaba en sus obras tratar de confundir los hechos narrados con una pretendida realidad documental que no era más que una segunda ficción. El discurso realista se entrecruzaba en muchas de sus obras con la más extrema estilización formal, de manera que, al analizarlas, se hace imposible diferenciar la verdad de lo meramente ficticio. Esta dualidad entre lo que es realmente cierto y la pura farsa fascinaba a Welles, llegando a configurarse a lo largo de su carrera como uno de los ejes temáticos de mayor envergadura en sus obras (1). No deja de sorprender, no obstante, que lo que esconde Welles bajo la chistera pueda ser en realidad una cruda reflexión existencialista sobre el sentido de la identidad en el ser humano. Como el claro ejemplo de Kane o el mismo Joseph K. de El proceso (Le procès, 1963) estos personajes se plantean en muchos casos la verdad sobre su propio yo llegando a afirmar, como Arkadin, que no saben quién son.
Algunos defienden que se puede considerar toda la filmografía de Welles como crepuscular, y que detrás de cada uno de sus films se encuentra siempre la misma búsqueda: la verdad sobre el alma humana. Pero Welles jugó siempre al ratón y al gato con aquellos que quisieron conocer la suya propia. Durante su vida, la misma búsqueda existencial que sobre los personajes se ejercía en sus films, se intentó extrapolar a la figura del director. Biógrafos, periodistas y críticos intentaron recomponer las piezas del personaje más ambiguo y enigmático de toda su filmografía: él mismo. Aún no existir en los films de Welles un alter ego (2) irrefutable de su propia personalidad, fragmentos del director se escapan escurridizamente del alma de sus personajes. Pero el difícil discernimiento entre lo puramente autobiográfico (real) y la simple representación muestra que Welles dejaba bien claro que el engaño y los dobles significados también forman parte del juego.
F for Fake es una historia sobre engaños. En los inicios de la carrera profesional de Welles se encuentran diversos precedentes formales de este film. Tanto el pastiche biográfico de Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941) como el inacabado documental sobre el Carnaval de Brasil It's All True (1942), son claros precedentes de esta película. Utilizando como punto de partida un material no rodado por él, sino perteneciente a los descartes de un documental sobre falsificadores que François Reichenbach había realizado en 1968 para la televisión francesa, Welles teje con F for Fake un complejo rompecabezas en el que la dualidad realidad/ficción se lleva al extremo. Los ejes narrativos principales son las historias de dos de los más famosos falsificadores del siglo XX: el primero de ellos es Elmyr d'Hory, pintor americano de poca monta que saltó escandalosamente a la fama por ser el mayor falsificador de obras de arte conocido hasta entonces. D'Hory falsificaba cuadros de Modigliani, Matisse o Picasso, y era reclamado por la justicia de varios países. La corrupta trayectoria profesional de d'Hory salió a la luz a través de una biografía publicada por un escritor venido a menos, a quien d'Hory había conocido en Ibiza y que se había casado con una amiga del pintor, también artista. Welles quedó fascinado por el material que sobre d'Hory vio en el documental de Reichenbach y finalmente se decidió a realizar el film tras estallar el escándalo publicado en Life que denunciaba otro fraude, esta vez realizado por el mencionado biógrafo de d'Hory, Clifford Irving, el cual fue acusado de la publicación de una autobiografía totalmente falsa sobre el multimillonario Howard Hughes. Esto le venía que ni pintado a las intenciones de Welles, así que rodó material auxiliar sobre los dos falsificadores, los cuales hablaban abiertamente de sus respectivos escándalos con una seguridad que poco presagiaba su oscuro destino (3). La película que finalmente montó Welles, era un caótico collage que mezclaba fragmentos del material ajeno perteneciente a Reichenbach con los filmados por él mismo y también con trozos de otras obras (4) . El film expone el retrato de dos personalidades tan interesantes como enigmáticas, tal y como gustaba Welles experimentar en su cine. Pero en él también se incluye un autorretrato, y el dúo de protagonistas se amplía y enriquece con el análisis de Welles sobre el propio Welles. En un prólogo en el que el director aparece como prestidigitador ante unos atónitos niños, Welles comienza a jugar traviesamente con la ambigüedad de su propio yo. Posteriormente, y tras afirmar que lo que acontece en la hora siguiente del film es pura realidad (paradoja que trata de cuestionar en sí la realidad sólo aparente de cualquier hecho fílmico, por realista y documental que sea), Welles procede a desgranar las identidades de los dos estafadores, utilizando para ello un montaje vertiginoso en el que combina los fragmentos rodados por Reichenbach con los suyos propios y en los que intercala su narración alternando su aparición en pantalla con el maremagnum de datos de las historias de d'Hory y de Irving.
F for fake no es un film montado, es en sí un montaje. Welles dirige con maestría en el film el ensamblado de planos asfixiantes que se suceden a una velocidad de vértigo. El collage de imágenes se ve reforzado por la inclusión de fragmentos de periódicos y noticiarios televisivos, que configuran una segunda narración de fondo de carácter más objetivo y documental que los fragmentos de las entrevistas a los estafadores, material del cual el espectador de por sí ya desconfía. La sala de montaje, como laboratorio del científico-mago es el escenario de la narración de Welles, y en ella la moviola aparece como el instrumento creador de magia, que permite convertir unos fragmentos de película inconexos en un continuum que otorga realismo y engañosa autenticidad a lo montado. Se produce en este film una excelente puesta en práctica de los antiguos ejercicios formales realizados por la escuela soviética de los años veinte. Los experimentos de Kuleshov, que trataban de demostrar el poder del montaje como creador de una ilusoria continuidad espacial y de significado entre planos, están de alguna manera presentes a lo largo del film, todo el cual es en sí ya un experimento formal. Un magistral ejemplo se da en la secuencia del fotomontaje de Picasso, en la cual Oja Kodar mantiene un falso idilio con el pintor, quien aparece cómicamente representado en fotografías recortadas de diversas expresiones de su cara tras una persiana veneciana, creando con ello una ficción que denuncia el gran poder ilusionista del montaje. Es el cine pues, a través del procedimiento de ensamblaje de planos, un fraude, ya que bajo la apariencia de realidad que muestra, se esconde la mayor mentira que un medio artístico pueda perpetrar: la falsificación de la realidad. Aquí aparece una de las reflexiones más importantes del film: ¿qué es realmente el arte? ¿quién tiene el poder para decidir qué es realmente artístico o no? Afirma d'Hory que sus falsificaciones, extendidas por todo el mundo y que cuelgan de las paredes de reconocidos museos, se convierten en obras artísticas si son expuestas durante suficiente tiempo. La polémica estaba servida, y venía irónicamente a cuento de las acusaciones que Welles había recibido tan sólo dos años antes por la crítica cinematográfica americana Pauline Kael, en las cuales se cuestionaba la autoría de Welles sobre el guión de su Ciudadano Kane, el único reconocimiento oficial de la industria a su obra. No hay nada gratuito en la reflexión de Welles. Existe un amargo paralelismo entre la crítica al mercado del arte, al funcionamiento de éste como fábrica de dinero que controlan unos pocos, quienes se creen con el único criterio para determinar qué es arte y qué no, y la triste realidad que acompañó la filmografía de Welles.
Tras el retrato de los dos falsificadores, y aún dentro de la hora establecida como "rigurosa realidad", Welles pasa a realizar su autorretrato, describiendo su particular incursión en el mundo del fraude con diversos ejemplos de su trayectoria profesional, ente los que destaca de manera especial el que protagonizó al representar radiofónicamente la invasión marciana en Nueva Jersey. Welles se introdujo a sí mismo en el film como falsificador, según él mismo comenta, para no dar una imagen de prepotencia sobre los otros dos impostores. Pero lo cierto es que en el film de Welles existe más una reflexión personal sobre su propia condición de artista que no un retrato objetivo de unos falsificadores. Cerrando ya la hora anunciada de pretendida realidad objetiva, Welles se sumerge a continuación en un monólogo existencial en el que plantea lo efímero de la vida y la obra del hombre, poniendo en tela de juicio la importancia de la creación y la autoría del artista, a quien irremisiblemente el tiempo acaba por destruir. Este aparente desprestigio sobre la obra de arte y sobre el espíritu del artista plasmado en ella, no puede responder más que la irónica respuesta ante los ataques de la Kael, los cuales precisamente lo acusaban de farsante en la autoría de su propia obra.
Welles finaliza el film con un epílogo en el que perpetra otra farsa más: la del ya mencionado fotomontaje de Picasso que lo convierte en un viejo verde seducido por los encantos de la bellísima Oja Kodar. Esta secuencia había sido ideada unos años antes por la propia Oja, y Welles consideró que tal burla sobre el afamado pintor venía muy a cuento con las intenciones del film. Oja interpreta el papel de una joven que seduce al pintor y consigue de él, a cambio de posar desnuda y hacerle revivir su libinidosa juventud, veintidós cuadros que, aún pudiendo ser vendidos como obras originales de un período nuevo del pintor, son destruidos por el abuelo de la joven quien vende imitaciones de estos como si fueran los originales. De nuevo la farsa de la representación y la realidad, el doble juego entre la copia y el original. Este es el fraude particular del prestidigitador Welles, el guiño a toda su carrera como mago cinematográfico.
Welles finaliza el film con un epílogo en el que perpetra otra farsa más: la del ya mencionado fotomontaje de Picasso que lo convierte en un viejo verde seducido por los encantos de la bellísima Oja Kodar. Esta secuencia había sido ideada unos años antes por la propia Oja, y Welles consideró que tal burla sobre el afamado pintor venía muy a cuento con las intenciones del film. Oja interpreta el papel de una joven que seduce al pintor y consigue de él, a cambio de posar desnuda y hacerle revivir su libinidosa juventud, veintidós cuadros que, aún pudiendo ser vendidos como obras originales de un período nuevo del pintor, son destruidos por el abuelo de la joven quien vende imitaciones de estos como si fueran los originales. De nuevo la farsa de la representación y la realidad, el doble juego entre la copia y el original. Este es el fraude particular del prestidigitador Welles, el guiño a toda su carrera como mago cinematográfico.
F for Fake se configura actualmente como una de las mejores y más personales obras de Orson Welles. Los últimos quince años de la carrera del cineasta, desarrollados principalmente en Europa, fueron quizás los más duros para él, en los cuales los proyectos se sucedían con multitud de dificultades para encontrar financiación. Welles manifestó que con F For Fake descubrió un nuevo tipo de cine, aquel que quería seguir realizando a partir de entonces (5). Pero la mala aceptación que el film obtuvo en Estados Unidos y Gran Bretaña no hizo más que acrecentar la enorme decepción que Welles sentía hacia la industria a la que había dedicado lo mejor de su genio. Y es que si el negocio cinematográfico americano no quiso o no supo entender su arte, bien es cierto que afortunadamente y pese a ello, Welles nos legó unas obras que bien merecen, ¿por qué no?, el calificativo de arte.
(1) Sirva de ejemplo a su gusto por el mundo de las falsas apariencias, uno de los espectáculos más curiosos en la trayectoria profesional de Welles, el Wonder Show de Orson Welles, espectáculo de variedades creado para entretenimiento de los soldados que partían al frente durante los años de la Segunda Guerra y en el cual colaboraban con Welles sus incondicionales del Mercury, entre los que se encontraban Joseph Cotten o Agnes Moorehead, así como la misma Rita Hayworth y en algunas ocasiones hasta la inestimable amiga Marlene Dietrich.
(2) El personaje que se considera más cercano a la personalidad del cineasta fue precisamente el Jake Hannaford de The Other side of the Wind, interpretado por el mismísimo John Huston, película que nunca llegó a acabar, aún cuando lo intentó durante diversos años (el rodaje le coupó de 1971 a 1976)
(3) Elmyr d'Hory acabó suicidándose ante la posibilidad de aceptación de extraditación por parte del gobierno español al francés, y el matrimonio Irving acabaron finalmente en la cárcel, en Estados Unidos.
(4) La imágenes que ilustran la narración del episodio de La Guerra de los Mundos que protagonizó Welles en el año 1938 pertenecen a la película The Hearth vs The Flying Saucers, realizada por Fred F. Sears en 1956. También se incluía un fragmento del espectáculo de magia antes mencionado en el que Welles cortaba en dos nada menos que a Marlene Dietrich.
(5) Las afirmaciones de Welles que se comentan en este artículo están extraídas del documental biográfico producido por Canal+ en el año 2000: Orson Welles en el país de Don Quijote, realizado por Carlos Rodríguez sobre un guión de Carlos F. Heredero y Esteve Riambau.
Artículo original aquí: FRAUDE
... y un artículo de Robert Anton Wilson donde reflexiona sobre la separación entre arte/realidad y habla sobre Welles como una de sus influencias "desconstruccionistas" primordiales: AQUÍ
viernes, 3 de mayo de 2013
Nyarlathotep
(Poema de la antología "Hongos de Yuggoth", de H. P. Lovecraft)
NYARLATHOTEP
Y al fin vino del interior de Egipto
El extraño Oscuro ante el que se inclinaban los fellás;
Silencioso, descarnado, enigmáticamente altivo
Y envuelto en telas rojas como las llamas del sol poniente.
A su alrededor se apretaban las masas, ansiosas de sus órdenes,
Pero al marcharse no podían repetir lo que habían oido;
Mientras por las naciones se propagaba la pavorosa noticia
De que las bestias salvajes le seguían lamiéndole las manos.
Pronto comenzó en el mar un nacimiento pernicioso;
Tierras olvidadas con agujas de oro cubiertas de algas;
Se abrió el suelo y auroras furiosas se abatieron
Sobre las estremecidas ciudadelas de los hombres.
Entonces, aplastando lo que había moldeado por juego,
El Caos idiota barrió el polvo de la Tierra.
NYARLATHOTEP
Y al fin vino del interior de Egipto
El extraño Oscuro ante el que se inclinaban los fellás;
Silencioso, descarnado, enigmáticamente altivo
Y envuelto en telas rojas como las llamas del sol poniente.
A su alrededor se apretaban las masas, ansiosas de sus órdenes,
Pero al marcharse no podían repetir lo que habían oido;
Mientras por las naciones se propagaba la pavorosa noticia
De que las bestias salvajes le seguían lamiéndole las manos.
Pronto comenzó en el mar un nacimiento pernicioso;
Tierras olvidadas con agujas de oro cubiertas de algas;
Se abrió el suelo y auroras furiosas se abatieron
Sobre las estremecidas ciudadelas de los hombres.
Entonces, aplastando lo que había moldeado por juego,
El Caos idiota barrió el polvo de la Tierra.
martes, 30 de abril de 2013
Sci-Fi, Horror & Rock and Roll de los 50s!
Dos discos infaltables en la discoteca (o en el disco de la PC) de todo amante de la Ciencia-Ficción, el Horror y el Rock and Roll cincuentoso:
Este compilado de plagado de Rock and Roll, Robots, Marcianitos, y OVNIs se llama The Ultimate 50's Rockin' Sci-Fi Disc, y fue publicado en 2003 por Viper Records. 20 tracks de artistas poco conocidos de la década de 1950, es decir, en plena guerra fría, paranoia nuclear y primeras 'oleadas' de avistamientos de OVNIs. Lista de temas:
01. Flying Saucer Boogie - Cletro, Eddie & His Round Up Boys
02. Rocket In My Pocket - Lloyd, Jimmy
03. Creature From Outer Space - Day, Sonny
04. Flying Saucer Rock 'n' Roll - Riley, Billy Lee
05. Satellite Baby - Stanley, Skip
06. First Man On Mars - Fautheree, Jackie
07. Sputnicks And Mutnicks - Anderson, Ray
08. 50 Megatonne - Russell, Sonny
09. Martian Band - Wildtones
10. Shootin' For The Moon - Carl & Norman
11. Rocket Trip - Lowell, Jackie
12. Trip To The Moon - Renolds, Wesley
13. Rock On Mars - Dunavan, Terry
14. Satellite Fever Asiatic Flu - Perryman, Paul
15: Orbit With Me - Sheather, Sonny
16. Man From Mars - Paulson, Butch
17. Rock Old Sputnik - Young, Nelson
18. I'm Building A ... On The Moon - Rogers, Weldon
19. Boppin' Martian - Robinson, Dick
20. Rock On The Moon - Stewart, Jimmy
02. Rocket In My Pocket - Lloyd, Jimmy
03. Creature From Outer Space - Day, Sonny
04. Flying Saucer Rock 'n' Roll - Riley, Billy Lee
05. Satellite Baby - Stanley, Skip
06. First Man On Mars - Fautheree, Jackie
07. Sputnicks And Mutnicks - Anderson, Ray
08. 50 Megatonne - Russell, Sonny
09. Martian Band - Wildtones
10. Shootin' For The Moon - Carl & Norman
11. Rocket Trip - Lowell, Jackie
12. Trip To The Moon - Renolds, Wesley
13. Rock On Mars - Dunavan, Terry
14. Satellite Fever Asiatic Flu - Perryman, Paul
15: Orbit With Me - Sheather, Sonny
16. Man From Mars - Paulson, Butch
17. Rock Old Sputnik - Young, Nelson
18. I'm Building A ... On The Moon - Rogers, Weldon
19. Boppin' Martian - Robinson, Dick
20. Rock On The Moon - Stewart, Jimmy
... y como muestra, un botón:
Flying Saucer Boogie - Cletro, Eddie & His Round Up Boys
El otro disco que quería recomendar es también un compilado de varios artistas, pero en este caso con el terror como figura central; se llama The Ultimate 50's and 60's Rockin' Horror Disc: Blood Curdling Rock 'n' Roll, también es de Viper Records y fue lanzado en 2003. Lista de temas:
1. I’m the Wolf Man – Round Robin
2. Ghost Train – The Swanks
3. The Monster Hop – Bert Convy
4. The Vampires – Archie King
5. The Cave (Part 1) – Gary “Spider” Webb
6. Igor’s Party – Tonys Monstrosities
7. Voodoo Voodoo – Lavern Baker
8. Werewolf – The Frantics
9. Midnight Monster Hop – Jack & Jim
10. Graveyard – Leroy Bowman
11. Watusi Zombie – Jan Davis
12. I was a Teenage Creature – Lord Luther
13. Red Ridin’ Hood & the Wolf – Bunker Hill
14. The Big Green – Igor and the Maniacs
15. Morgus the Magnificent – Morgus & the Three Ghouls
16. She’s my Witch – Kip Tyler
17. The Cave ( Part 2) – Gary “Spider” Webb
18. Vampires Ball – Mann Drake
19. Monster Holiday – Lou Chaney
20. Night of the Werewolf – Lee Kristofferson
2. Ghost Train – The Swanks
3. The Monster Hop – Bert Convy
4. The Vampires – Archie King
5. The Cave (Part 1) – Gary “Spider” Webb
6. Igor’s Party – Tonys Monstrosities
7. Voodoo Voodoo – Lavern Baker
8. Werewolf – The Frantics
9. Midnight Monster Hop – Jack & Jim
10. Graveyard – Leroy Bowman
11. Watusi Zombie – Jan Davis
12. I was a Teenage Creature – Lord Luther
13. Red Ridin’ Hood & the Wolf – Bunker Hill
14. The Big Green – Igor and the Maniacs
15. Morgus the Magnificent – Morgus & the Three Ghouls
16. She’s my Witch – Kip Tyler
17. The Cave ( Part 2) – Gary “Spider” Webb
18. Vampires Ball – Mann Drake
19. Monster Holiday – Lou Chaney
20. Night of the Werewolf – Lee Kristofferson
... otro botón de muestra (manchado de sangre esta vez):
The Monsters Hop - Bert Convy
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