viernes, 18 de noviembre de 2011

Cuento II

TRES VIGILADORES



De Guillermo A. Mazzucchelli 18/05/08



Tres vigiladores fumaban un porro. La noche de sábado era ideal porque no quedaba nadie en el depósito y además hacía calor, así podían fumar afuera para no impregnar la garita con el olor de la  marihuana. El eco de la voz resonaba en los galpones de la inmensa distribuidora en la que hacían guardia. El que hablaba era  Mariano.



-          ¡No sabés boludo!…- tenía el rostro rojo de tanto reírse-… ¡Te lo perdiste a éste! - lo señaló a Gabriel, que también estaba colorado, pero de vergüenza - ¡El cagazo que tenía! -



No pudo reprimir la carcajada, se agarró el estómago y se apoyó en la pared del “sucucho” para no caerse,  pasándole el faso a Gonzalo.



-          ¡Dale, dale, contá! - Gonzalo ya había escuchado la historia; se la habían relatado los compañeros del turno anterior, pero quería oírla en boca de sus protagonistas. -El viejo me contó algo ¡y también se cagaba de risa! -



Gonzalo era el “nuevo”, aunque ya había entablado amistad con Mariano y Gabriel, descubriendo que ambos eran del palo.



-          Che loco, no fue para tanto - Dijo Gabriel - ¡Ya te voy a agarrar desprevenido yo a vos! - remató, haciéndole a Mariano el gesto de “te voy a dar”.



Gabriel, de movimientos rápidos y nerviosos, era el gracioso del grupo. No era algo buscado o forzado. Era un humorista natural. Con sólo una mueca lograba que todos se desternillen. Contaba anécdotas hilarantes, como la que ahora continuaba narrando Mariano.



-          Bueno, resulta que esa noche nos tocó a Gabriel y a mí con el viejo. El viejo, obviamente, no mueve el culo de la garita, así que nosotros salimos a hacer las rondas y aprovechamos para fumarnos un caño…

-          ¡Un faso riquísimo! ¡Quedamos re-locos de toque! - Acotó Gabriel.

-          …Bueh, la cosa es que el viejo me llama por el handy preguntándome por unos papeles. Yo lo dejo solo a éste, haciendo la ronda y me voy pa’ la garita. El jovie estaba ordenando las carpetas y no sé que huevada me preguntó. En eso, veo que en la mesita había cuatro petardos. Le digo “Che viejo, ¿y estos cuetes?” “¡Ah!, esos sobraron de la navidad pasada, ¿Te acordás?” - Mariano imitaba la voz medio gangosa del “viejo” a la perfección - Porque el viejo Vicente es el loco de los cuetes, ¡En esas fiestas casi voló todo a la mierda!

-          Che, ¿Y de éstos cuetes no lo hicieron probar? - Preguntó Gonzalo, mientras le pasaba el porro a Gabriel.

-          ¡Noooo! ¡Te imaginás al viejo fumado!

-          “¡Uyyy, ‘toy re-loco!” - Dijo Mariano remedando a Vicente y los tres se carcajearon.



Gabriel, después de unas caladitas rápidas, le pasó la vela a Mariano, quien luego de reponerse retomó el relato.



-          Le digo al viejo “¿Me das los petardos? ¡Se me ocurrió una maldad!” El “Vichente”, picarón me dice “¡Uyyy ya me imagino! Llevalos, pero tené cuidado… ¡Qué hijo de puta!”. Me llevo los petardos y lo llamo por el handy al Gaby, que todavía estaba haciendo la ronda. - Hizo una pausa para pegar una pitada profunda, tosió y siguió con voz estrangulada - “Che Gaby, ¿Por donde andás?” “Estoy en la playa de camiones” me dice éste.- Aclaró la voz - Llego a la playa, medio escondido entre los árboles y lo veo de espaldas, allá en la parte oscura, enfocando la linterna para las vías, atrás del alambrado…

-          Justo venía el tren - Aclaró Gabriel

-          Si, yo aproveché el ruido del tren, me acerqué a tres metros, prendí los cuetes, los dejé ahí y me tiré entre los árboles…

-          Nooo, ¡Qué jodido! - Dijo Gonzalo riéndose e imaginando la situación: Solo, en el medio del descampado, a oscuras y de repente ¡Paf! ¡Paf! ¡Paf! ¡Paf!

-          ¡Boludo! - Exclamó Gabriel - ¡Yo, re-loco y escucho los cuetazos! ¡Casi me cago! ¡Creí que me disparaban desde el tren! Pensé: “Al maquinista se le salió la cadena, peló una escopeta ¡y me está cagando a corchazos!”



En ese momento los tres casi se mueren de risa. Mariano le pasó el porro a Gonzalo



-          No, pará, pará…- Mariano estaba medio ahogado de tanto reírse - Lo mejor es que me asomo, para ver la reacción del Gaby…¡¡¡Y ya no estaba más!!! ¡El chabón cortó como en los dibujitos, dejó una nubecita nomás!!! - Más carcajadas - Por ahí, escucho que me llama por el handy, estaba tan cagado que no se le entendía nada salvo “garita dos”. Voy a la garita dos y me lo encuentro, escuchá: Debajo de la mesa con el handy, llamando desesperado: “¡Atención puesto uno! ¡Nos atacan!!!!” ¡Casi me meo encima!!!



Los tres estallaron en risotadas. Literalmente lloraban de risa.



-          ¡Que película que te comiste Gaby!!! ¡Ja, ja, ja!



De repente se les heló la sangre. En medio del jolgorio no se percataron que una persona se había acercado hasta ellos y los saludaba.



-          ¿Qué tal? ¿Están de ronda de chistes los muchachos?



Los tres dieron un respingo involuntario. Gonzalo, quien tenía la tuca en ese momento, la descartó de inmediato, arrojándola detrás de la garita. Miraron al hombre, atónitos.



-          ¿Qué pasa che? ¡Parece que hubieran visto un fantasma!!!

-          ¡Ah! ¡Qué hacés, chabón! - Gabriel fue el primero en reconocerlo. Era el camionero de transportes Pache, que se había quedado a dormir en su camión con permiso del jefe de depósito, porque no habían hecho a tiempo para descargar su vehículo.

-          Ahí andamos, no me podía dormir, así que me voy a ir hasta el centro a dar unas vueltas, a ver que pasa. Ustedes, que son de acá, ¿Qué se puede hacer hoy a la noche?



A los guardias les volvió el alma al cuerpo. Igualmente estaban un tanto nerviosos. Gonzalo percibió olor a marihuana en el aire, así que encendió un cigarrillo para disimular.



-          ¡Podés ir al Bingo, chabón! - Respondió Gabriel

-          ¡Ah! ¡Esa es buena! - dijo el camionero entusiasmado. Miró la hora en su celular. - ¿Pasa el colectivo a esta hora?

-          Si, mirá, vení que te digo donde lo tenés que tomar.



Mientras Gabriel acompañaba al hombre hasta el portón para señalarle la parada, Gonzalo y Mariano se miraron y se carcajearon nuevamente.



-          ¡Que flash!!! ¡Casi nos engancha el loco!

-          ¡Che boludo! ¡¿Qué hiciste con la tuca?!

-          ¡Uh! ¡La tuca! La tiré allá atrás.



Se pusieron a buscar el porro con la linterna en el pasto detrás de la garita, en tanto Gabriel, quien ya había despachado al intruso, se les sumó tapándose la nariz y exclamando como si hablara por el handy:



-          ¡Atentos muchachos! ¡Se inicia operación porro! ¡Código verde!



Fue Gonzalo el que, victorioso, alzó la tuca iluminándola con la linterna.





-          ¡Acá ‘ta! - Prorrumpió - ¡No andaba muy lejos!

-          Che - festejó Gabriel - ¡¿Hacemos un carioca?!











Fin

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