lunes, 11 de marzo de 2024

Algunas notas sobre Ghostbusters (1984) Quinta Parte

 


Por Mazzu

Quinta (y última) parte de esta serie de notitas sobre Los Cazafantasmas (1984); nos metemos en un terreno aún más pantanoso que el del ocultismo que hablamos en las entradas anteriores… ¿acaso hay un terreno más pantanoso que el del ocultismo? ¡Claro que sí!: la política  

Ya hemos mencionado que, en la película, la galopante popularidad que lograron los Cazafantasmas tras lograr sus primeras “atrapadas”, no solo atrajo la atención de la prensa, sino que también atrajo al gobierno, en la figura de Walter Peck (William Atherton) de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por la sigla en inglés de Environmental Protection Agency). Walter Peck llega al cuartel Cazafantasma tratando de inspeccionar las instalaciones de almacenamiento, pero Venkman no se lo permite.

La riña del Estado contra la PyME se hace patente cuando, después de ese primer choque, Peck cae con la policía y los trabajadores municipales con una orden para arrestar a los Cazafantasmas y desactivar la unidad de contención, lo que provoca una explosión que libera a los fantasmas capturados. Esto expone, en parte, el tropo del “David emprendedor contra el Goliat estatal” que tiene de trasfondo la película. Digo “en parte” porque no sé si realmente es tan así. Como dijo Frankenstein, vamos por partes:

El planteo de “el empresario independiente contra el malvado estado” es la línea central del argumento de La Rebelión de Atlas, la novela más famosa de Ayn Rand, publicada en Estados Unidos en 1957 y volumen de cabecera de figuras políticas actuales argentinas como Javier Milei y Mauricio Macri. La Rebelión de Atlas trata sobre una rebelión de los grandes empresarios contra el gobierno y los políticos de Estados Unidos, que realizan un lockout, paralizando el país como forma de protesta.



La sociedad estadounidense en la novela está dividida en dos clases: los “saqueadores” y los “no saqueadores”. Los primeros están representados por la clase política y los cultos religiosos (la casta), quienes creen que toda actividad económica debe ser regulada y sometida a una fuerte imposición fiscal. Los segundos son los emprendedores, los CEOs de empresas e intelectuales que piensan que la solución es lo contrario.

En inglés, el título de la novela es Atlas Shrugged, Atlas se encogió de hombros. La idea del libro es que los empresarios son como el titán Atlas: sostienen al mundo sobre sus hombros, y ¿qué pasaría si el titán se encogiera de hombros? El mundo caería, se desmoronaría. Los empresarios son los que sostienen al mundo, nos dice la Señora Rand. Presenta de esta manera a los empresarios, poderosos, millonarios, usureros y capitalistas en general como víctimas del estado malévolo y salvadores del mundo.

Alisa Zinóvievna Rosenbaum (1905-1982), más conocida como Ayn Rand, nació en Rusia y luego fue nacionalizada estadounidense. Llamó objetivismo al sistema “filosófico” que desarrolló. Rand defendía el egoísmo, el individualismo y el capitalismo y rechazaba el socialismo, el altruismo​ y la religión, un sistema que defendía, claramente, a los privilegiados.

Ayn Rand era la hija mayor de Zinovy Zakharovich Rosenbaum, un farmacéutico, padre de una familia burguesa judía de San Petersburgo en el, por entonces, Imperio Ruso. Ella tenía 12 años cuando la revolución bolchevique cambió la vida de su familia. La farmacia de su padre fue expropiada por los revolucionarios y la familia huyó a Crimea, bajo el control del Ejército Blanco durante la Guerra Civil Rusa. Después de graduarse de la escuela secundaria en 1921, regresó con su familia a Petrogrado (como se llamaba entonces San Petersburgo), donde (según ella) pasaron hambre. A pesar de todo, pudo estudiar en el terciario público gracias a que la revolución abrió las universidades a las mujeres (algo vedado a ellas antes, durante el régimen zarista). En 1925 consiguió una visa para viajar a EEUU. Allí conoció al actor Frank O'Connor, con quien se casó en 1929, convirtiéndose así en residente permanente y luego ciudadana estadounidense en 1931. En estados Unidos se convirtió en una furiosa defensora del individualismo “heroico” y capitalista.

Así como nuestro actual presidente Javier Milei dice que prefiere a los narcos antes que al Estado, Ayn Rand decía que el ser humano ideal era William Edward Hickman, un asesino serial cuyo desmembramiento de una niña de 12 años llamada Marion Parker en 1927 conmocionó a todo EEUU.



Es bastante difícil eludir la lectura randiana de Ghostbusters; la película es definitivamente fan del libre mercado. The National Review, una publicación ultraconservadora estadounidense (fundada nada más y nada menos que por WilliamF. Buckley Jr.), dijo sobre Ghostbusters: “te tiene que gustar una película en la que el malo es un bufón de la EPA, feliz con la regulación, y la solución a la amenaza pública viene de la mano del sector privado”.

Con respecto a la ideología de los escritores y del director, tenemos lo siguiente: Ramis nunca fue tímido con sus opiniones liberales (liberal en el sentido estadounidense de progresismo o centroizquierda, no en el sentido que le damos acá de liberalismo económico o capitalismo salvaje).

“Entré a la universidad justo cuando la gente estaba en el desenfreno de fraternidades posterior a la Guerra de Corea”, dijo una vez al New York Observer. “Todo parecía genial, Kennedy, Camelot, nuestra generación dominando el mundo y, de repente, mi segundo año de universidad comienza con Kennedy asesinado, y todo se va al infierno... Yo cantaba canciones populares cuando todos los demás cantaban rock and roll, me podía indignar por los problemas sindicales en los ferrocarriles y las minas de carbón a finales del siglo XIX”. Aunque menos explícito sobre la política, Dan Aykroyd se describe a sí mismo como “un liberal (de vuelta, liberal en el sentido de centro-izquierda) canadiense incondicional”; por su parte, Ivan Reitman dice: “siempre he sido una especie de conservador-libertario”; la huida de su familia de la Checoslovaquia comunista probablemente influyera en su perspectiva al igual que en el caso de Ayn Rand. De cualquier manera, los tres eran donadores frecuentes de campañas demócratas. Por lo tanto, es difícil interpretar a Los Cazafantasmas como algo de ultra-derecha, incluso cuando un ente gubernamental (la EPA) es el villano. Cuando uno examina la película más fríamente, ve que tal vez no es exactamente el individuo contra el Estado sino el individuo contra las instituciones.

La primera pista que tenemos sobre esto es el choque de Venkman, Stantz y Spengler con la Universidad de Columbia (UC). Columbia es un ente privado, no estatal. Ellos son expulsados de mala manera del laboratorio de Estudios Paranormales del Weaver Hall del Departamento de Psicología de la UC por su enfoque “poco ortodoxo”:

Venkman: presumo nos pasarán a niveles superiores en la Universidad

Deán Yeager: no, serán removidos fuera de ella; la mesa directiva ha decidido remover su beca, tendrán que desalojar este edificio de inmediato.  

Venkman: esto es absurdo, exijo una explicación.

Deán Yeager: de acuerdo, esta universidad no continuará más aportando fondos de ningún tipo para sus actividades de grupo.

Venkman: ¿y si somos aceptados?

Deán Yeager: doctor Venkman: creemos que el propósito de la ciencia es servir a la humanidad; ustedes, sin embargo, parecen creer que la ciencia es algo así como un truco o estafa. Sus teorías son las peores boberías del siglo, sus métodos malos, y sus conclusiones altamente cuestionables; usted es un científico malo, doctor Venkman

Venkman: entiendo

Deán Yeager: y no tiene cabida en este departamento, ni en esta universidad

 

 

Podemos decir que más que anti-estatal, la peli es anti-burocracia, y ¿quién NO está en contra de la burocracia? La burocracia está instalada en el Estado, pero también está enquistada en todas las instituciones, sean privadas o públicas. Y creo que ahí está la cuestión de los Cazafantasmas. Porque los muchachos se saltean una institución gubernamental (la EPA), para aliarse con el alcalde de New York, y ¿qué más estatal que eso? Es como pelearte con Milei, pero aliarte con Kicillof…

Nos identificamos con Venkman y vemos al mundo académico como elitista. Stantz, que está aquerenciado con la institución, se lamenta de su destino. Pero Venkman ve una nueva oportunidad en el horizonte, y se llama el sector privado.

Stantz: Esto es una desgracia. Olvídense del posgrado y de Stanford. Nos verán como a la peste bovina.

Venkman: no te preocupes por tu reputación. Einstein se convirtió en prodigio trabajando como marcador de patentes…

Stantz: ¿sabes cuánto gana un marcador de patentes?

Venkman: no

Stantz: en lo personal, me gusta la universidad, nos dan dinero y facilidades y no tenemos que producir nada; nunca hemos salido de aquí, no sabemos cómo es allá afuera, el trabajo es del sector privado… y esperan resultados

Venkman: sea cual sea la razón, Ray, llámese suerte, llámese destino, llámese vibraciones, yo creo que todo sucede por una razón, yo creo que estábamos destinados a que nos echaran de aquí…

Stantz: ¿con qué fin?

Venkman: para que destaquemos por nosotros mismos.

Stantz: el sistema de ectocontención que Spengler y yo tenemos en mente va a requerir de una fortuna para capitalizarlo, ¿de dónde sacaremos el dinero?

Venkman: no lo sé… no lo sé



Acto seguido, hipotecan la casa de Stantz para conseguir fondos para su emprendimiento. Riesgo y recompensa en el mundo de las altas finanzas: muy Manhattan, muy años 80s. “Los derechos de franquicia nos darán riquezas superiores al sueño más salvaje”, galantea Venkman, y la alegre música circunstancial nos lleva a la cuestión inmobiliaria, el edificio que van a ver tiene un signo de dólar pintado en la ventana. Tienen que aceptar el alquiler porque, a pesar de que Spengler y Venkman no están para nada convencidos, Stantz (el que puso la tarasca) está encantado con el lugar, en una fascinación infantil por los postes de descenso de bomberos. El que pone la tarasca tiene la última palabra: capitalismo, gente.



“Los niños espectadores de cine y televisión”, dice David Sirota en Back to Our Future: How the1980s Explain the World We Live in Now, “que vieron el éxito de la transferencia por parte del gobierno de las responsabilidades de seguridad municipal a los Cazafantasmas, naturalmente se sentirán menos sorprendidos e indignados cuando, como adultos, vean al gobierno entregando las mismas responsabilidades a los colegas de Blackwater que ‘luchan contra el terrorismo’” ¿Peck pidiendo la liberación de los fantasmas equivale al pedido de liberación de presos políticos de EEUU produciendo un ataque terrorista masivo en New York que se ve reflejado en la explosión fantasmagórica en la peli?... no sé. Sincronísticamente, como dijimos en una entrada anterior, la “ola fantasma” parece salir del World Trade Center…



Por qué digo que no es antiestatal sino antiburocrática: los Cazafantasmas acuden a ver al alcade de New York junto al agente de la EPA Walter Peck; allí ellos exponen su teoría de lo que está sucediendo versus la teoría del agente estatal: Peck dice que

Peck: estos hombres son actores muy bien adiestrados, usan su cerebro y un compuesto de gases para inducir alucinaciones; el pueblo piensa que está viendo fantasmas, y llama a estos payasos que en forma muy conveniente se encargan del problema con un espectáculo electrónico de efectos falsos.

Stantz: Mire, todo iba muy bien hasta que el aparato de control fue desconectado por este estúpido (refiriéndose a Peck)

Peck: ¡provocaron una explosión!

Alcalde: ¿es verdad?

Venkman: sí, es cierto; este tipo no tiene pito (refiriéndose a Peck)

Peck quiere atacar a Venkman pero es detenido por los policías.



Hay una discusión y un forcejeo; los Cazafantasmas exponen sus argumentos  

Spengler: ¡40 años de oscuridad, terremotos, volcanes

Zeddemore: ¡los muertos saliendo de sus criptas!

Venkman: ¡sacrificio humano! ¡perros y gatos viviendo juntos, la histeria!

Alcalde: ¿y si se equivocan?

Venkman: ¡si me equivoco no pasa nada! Iremos a prisión tranquilamente, sin resistirnos. Pero si tengo razón, y si podemos detener esto, Lenny, usted habrá salvado la vida de millones de votantes registrados

A lo que el alcalde y el obispo responden con una sonrisa y un asentimiento con la cabeza. No hay más que decir.



Los Cazafantasmas no hacen tratos con instituciones burocráticas (la universidad privada de Columbia o el ente estatal EPA), pero sí hacen tratos directamente con el Estado, el Alcalde de New York. Por esto, repito, no es tanto una cuestión antiestatal sino una cuestión antiburocrática.

También hay un palito a las publicaciones que hoy llamaríamos “woke”, y que en aquellos tiempos llamaban “progres” como The Atlantic que, en el montaje de atrapadas de fantasmas, pregunta: “¿Tienen los fantasmas derechos civiles?”



Y bien… ¿los tienen? Creo que es una buena pregunta, más si nos retrotraemos a otra hipótesis sobre la peli: leí por ahí, en una publicación de que lamentablemente perdí el rastro hace tiempo, que Ghostbusters podía verse como una alegoría de la gentrificación sufrida en New York desde la década de los 70s en adelante. Gentrificación, básicamente, es el proceso de desalojar a la gente pobre de cierto sector de la ciudad para poner en su lugar residencias de alto valor inmobiliario. New York es, tal vez, uno de los lugares más emblemáticos del proceso de gentrificación. Y, entonces quizá no sea casual que los Cazafantasmas tengan lugar justo allí: qué más indeseado inquilino es el inquilino “invisible”, el fantasma, el “spook”.

Los fantasmas son los inquilinos menos deseados y los primeros en querer ser desalojados de cualquier vivienda, aquí, allá o en cualquier lado del mundo. No pagan el alquiler, no pagan expensas, y encima molestan a los normies, eh, digo a los vivos. Son la pesadilla del propietario. ¿Puede verse a los fantasmas como una alegoría de un sector poblacional, étnico o social “indeseado” que debe ser desalojado de la zona anhelada por el sector pudiente de la ciudad de New York? No, tal vez es un delirio mío. La “gente de bien”, la gente pudiente, no desea esas cosas, ¿no? No desea encerrar a los “fantasmas” en una “red de contención” fuera de la vista para que esas cosas ya no molesten más. Soy un malpensado si así lo creyera yo.

Lo invisible se va haciendo cada vez más visible…

 


Amigos, con esto quiero cerrar – por el momento – esta breve serie sobre los Cazafantasmas. Espero que les haya gustado y les haya provocado pensamientos, lo cual era mi intención; no la de decir “esto es así” sino la de “yo veo todo esto en esta peli, ¿qué les parece a ustedes?”. De nuevo, gracias, y nos seguimos leyendo.

 


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