martes, 20 de agosto de 2013

Mi deuda con H. P. Lovecraft - por Robert Anton Wilson


Mi deuda con H. P. Lovecraft

 

Por Robert Anton Wilson

 

Publicado originalmente en Crypt of Cthulhu º 12, vol. 2, No 4, Eastertide, 1983

Traducción: G. Mazzucchelli

 
 


La influencia de H.P. Lovecraft en mi ficción es bastante obvia - sobre todo porque nunca he tratado de ocultarlo. El mismo HPL aparece como personaje en La Manzana Dorada (de la Trilogía Illuminatus). Algunos de sus Primordiales asoman en ese libro, así como en Leviatán y en Las Máscaras de los Illuminati. Este último está escrito en una variedad de estilos, ya que James Joyce es uno de sus personajes principales y me pareció artísticamente apto presentar a Joyce a su propia manera, mediante el cambio rápido de "estilos" y voces narrativas como él hizo en Ulises; sin embargo, una de las voces es, por supuesto, la del típico narrador de Lovecraft, perpetuamente preocupado por los secretos "innombrables" o "blasfemos" que están a punto de ser revelados. Incluso mi ensayo autobiográfico, Disparador Cósmico, comienza con un párrafo que es una parodia deliberada de las introducciones estándar de Lovecraft.

 

Más sutilmente, mi estructura típica - lo que yo llamo ontología de guerrilla - está diseñada para mantener al lector en la duda sobre qué es real y qué no lo es. Eso deriva en parte de Borges, por supuesto, de Joyce, y de mis clases de semántica y psicología de la percepción de mis años universitarios, pero todo empezó cuando yo tenía trece años y comencé a leer a HPL. La "clásica" lista de libros de Lovecraft, en la que son citadas obras verdaderas como La Rama Dorada al lado del Necronomicon, es el germen a partir del cual ideé los rompecabezas laberinticos que han hecho que tantos lectores me pregunten con dolorosa sinceridad: "Oye, en serio, ¿cuánto de todo eso es una sólo una broma?". Mi respuesta es siempre deliberadamente ambigua, ya que, a diferencia de HPL, no estoy satisfecho asustando a mis lectores, ni estoy satisfecho haciéndolos reír; trato de despertar su curiosidad hasta el punto de que la intriga los impulse a pasatiempos tan peligrosos como la investigación por cuenta propia y el pensamiento independiente. En el fondo, supongo que soy didáctico.

 

La historia de Lovecraft, por lo general, es la revelación gradual, a través de una serie de pistas cada vez más explícitas, de algún horrible secreto que el mundo no debe saber. Yo uso este recurso constantemente, pero nunca en la forma en que HPL lo utilizaba. En lugar de construir hacia el horror, yo construyo tanto hacia el horror como hacia el humor, y el clímax nunca está centrado en el secreto último, sino en una nueva ambigüedad. Esto refleja la diferencias de filosofía y temperamento entre HPL y yo. Él era racionalista y materialista, por lo que, naturalmente, creía que había alguna "explicación" final, alguna verdad última. Dado que se especializó en el horror, siempre era una verdad horrible. Yo, por otro lado, soy agnóstico y un "místico" (de algún tipo) y no creo en ninguna verdad final. Al igual que Nietzsche, creo que detrás de cada máscara engañosa hay otra máscara engañosa. El aforismo de Nietzsche: "La verdadera naturaleza de las cosas es una profunda ilusión", resume mi actitud mejor que cualquier otra fórmula que haya leído.




 


Al igual que Colin Wilson (sin parentesco, hasta donde sé), yo también soy temperamentalmente incapaz de escribir el típico final Lovecraftiano - la sombría nota de desesperación cósmica que hace de HPL extrañamente afín a la línea principal de la ficción de nuestros días con sus héroes siempre derrotados y un universo constantemente hostil. Yo uso el horror de Lovecraft, porque creo que es un aspecto de la verdad, un mito poético que dice algo real acerca de nuestra situación como mamíferos conscientes de nuestra propia fragilidad y mortalidad. No puedo limitarme a la perspectiva horrible, porque creo que es sólo un aspecto de muchos. Una vez más me hago eco de Nietzsche al vernos a mitad de camino entre el primate y algo más allá de toda naturaleza anterior. Como veterano de los viajes en ácido en los años 60, he visto el Horror Último, pero también he visto la Broma Cósmica más allá de eso, y al Niño Estelar y el superhombre y la Mente Única y una variedad de otras perspectivas extrañas, divertidas y educativas. Como un mandala tibetano, mi ficción muestra tanto a los demonios coléricos de HPL, como a los Budas Protectores; de manera más circense también muestra a los payasos y a los héroes que caminan por la cuerda floja sobre el abismo.

 

Lo que más me molesta de las críticas a HPL es la constante reiteración de las mismas quejas sobre su estilo. A veces, esto me acerca a la desesperación del profesor de historia en el primer capítulo de Danza de Sátiros de Aldous Huxley, que durante la corrección de los ensayos de los estudiantes sobre la Italia del siglo XIX, descubre que todos los alumnos han descrito al Papa León XIII como un hombre de buen corazón y poca inteligencia. Que ningún estudiante se hubiera preocupado o pensado lo suficiente como para tener una opinión diferente - que cada uno simplemente hubiera regurgitado un epigrama de Lord Acton que el profesor había citado en clase - llevó al profesor a renunciar a toda esperanza de educar a alguien. Se retiró del mundo académico para convertirse en inventor y seductor.

 

El estilo de Lovecraft a veces es bastante horrible, pero eso se aplica a todos los escritores que corren el riesgo de desarrollar un estilo personalizado y muy singular. Hemingway suena como una parodia de sí mismo tan a menudo como HPL; Faulkner suena como una parodia de Faulkner, a veces; lo mismo puede decirse de Melville, Henry James, Conrad y la mayoría de los clásicos. Me parece que en su punto máximo, el estilo de HPL hace exactamente eso para lo cual él lo inventó - se convierte en el medio perfecto para el tipo de efecto mítico que quería transmitir. También sospecho que hay que ser extremadamente cuidadoso con las auto-parodias inconscientes "descubiertas" por los críticos. Todo escritor tiene momentos de ironía en los que recurre a la sutil parodia de sí mismo; estoy convencido de que Hemingway a veces ha hecho esto de manera consciente, y creo que también HPL lo hizo. Sus cartas contienen mucho humor, y se han descubierto tantos chistes ocultos en sus historias, que yo creo que se lo subestima al pensar que era incapaz de intentar un doble efecto, la creación de una emoción y al mismo tiempo la parodia de la técnica mediante la cual la logra.

 

Básicamente, Lovecraft y Olaf Stapledon me gustan más que ningún otro escritor en los ámbitos de la fantasía, la ciencia-ficción y la "ficción especulativa". Esto es debido a que creo que HPL y Stapledon lograron, más que nadie, la creación de verdaderas perspectivas "inhumanas", artísticamente sustentadas y emocionalmente convincentes. Que HPL haga que el enfrentamiento a lo "inhumano" o lo "cósmico" sea algo aterrador y deprimente, mientras Stapledon hace que sea una fuente de asombro místico combinando artísticamente la tragedia y el triunfo, simplemente señala que tenían temperamentos diferentes. Cada uno tuvo éxito a su manera, cada uno logró saltar más allá de la humanidad y ver más allá del mero humanismo. Las perspectivas "animales" en mis libros - los gorilas y delfines en El Ojo en la Pirámide, la "mayoría hexápeda terránea" que comentan tan cínicamente el comportamiento de nos, los primates "domesticados", en La Trilogíadel Gato de Schrödinger - derivan de la etnología y la sociobiología, por supuesto, pero también derivan de las perspectivas "inhumanas" o "trans-humanas" que aprendí de HPL y Stapledon.

 

En última instancia, creo que el valor de un escritor se puede medir por cuánto y cómo expresa sus estados de ánimo idiosincrásicos de alegría o de miseria y su forma de expresar cosas comunes a toda la humanidad. Siento que HPL y Stapledon expresaron con mucha fuerza un problema colectivo de nuestra especie - nuestra desorientación en el espacio y el tiempo, como consecuencia de los descubrimientos de Copérnico y post-copernicanos, que nos revelaron que la raza humana no es el centro del universo y no somos los consentidos de los dioses. Muy pocos escritores "establecidos" han abordado esa conmoción intelectual y emocional de manera resuelta como han hecho HPL y Stapledon. Por esa razón, creo que muchos, tal vez la mayoría de los escritores "establecidos", en última instancia, no son serios. HPL, a su manera terrorífica, y Stapledon, en su forma (cautelosamente) optimista, sí fueron serios.


 
 

Obra completa de Lovecraft en Scribd: Colección Lovecraft

 

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